EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

jueves, 31 de agosto de 2017

Es tal la domesticación del inconsciente colectivo, que rápidamente se naturalizan nuevas y más agudas situaciones de despojo.





Buscando los derechos ciudadanos

Enrique Martínez plantea en esta nota la necesidad de reacción de los partidos políticos ante la avanzada de los dueños del capital sobre los derechos de los ciudadanos. Martínez afirma que es tal la domesticación del inconsciente colectivo, que rápidamente se naturalizan nuevas y más agudas situaciones de despojo.

Por Enrique. M. Martínez Instituto para la Producción Popular para La Tecl@ Eñe


Recordemos qué es un derecho ciudadano. Es un atributo social que permite adoptar ciertas conductas o desarrollar ciertas actividades con entera libertad y contando con la protección del Estado para ejercer esa libertad.

En esos términos, ¿a qué tenemos derecho los argentinos?

Podemos revisar una lista importante de derechos civiles, que se han ampliado en la última década, incluyendo algunas cuestiones de género que se han resuelto con criterio de avanzada.

También tenemos derechos respecto de nuestra propiedad, en caso de haber accedido a ella. 

No mucho más. No hay garantías concretas para poder trabajar; para poder requerir a un ámbito público especializado transferencia de tecnología para producir; para disponer de un pedazo de tierra a labrar; para contar con apoyo financiero, salvo que ya dispongamos de patrimonio; ni siquiera para tener acceso a potenciales consumidores de los productos que se nos pueda ocurrir fabricar, si es que los hipermercados tienen que ver con ese acceso.

No podemos decir que disponemos de esos derechos económicos. En realidad: de ningún derecho económico.
Hasta nuestro espacio como consumidores ha perdido derechos. Hay oligopolios hasta en la leche u otros alimentos básicos. No hay acceso a televisión por cable más que por un par de opciones. Lo mismo con la telefonía celular. Como guinda de la torta, el fútbol televisado acaba de ser entregado a un grupo duro, experto en concentración monopólica.

En todos esos ámbitos nuestra opción se acerca al ridículo: consumir la oferta única o no consumir. Somos libres de no hacer. Solo de eso.

Es tal la domesticación del inconsciente colectivo, que rápidamente se naturalizan nuevas y más agudas situaciones de despojo.

Cuando este gobierno comenzó con los tarifazos de energía eléctrica o gas, hubo una puja por la realización de audiencias públicas. Un año después, sólo se discute la forma del pago de los aumentos, cuya justificación nunca se explicó ni se tiene la menor vocación de explicar.

Con el fútbol televisado es la misma situación. Explícitamente, se organiza todo como un negocio. El entretenimiento popular masivo es un negocio, responde en primer término al interés del capitalista y secundariamente al interés del “entretenido”.
¿Todo esto debe ser así?

En el mundo moderno los dueños del capital tratan de tomar todo espacio de poder posible, incluyendo por supuesto, a los ámbitos de administración del Estado. Pero no hay una razón que justifique que todos los partidos políticos se concentren en la puja por ejercer el gobierno, mientras la organización popular de defensa y/o consolidación de los derechos económicos de los ciudadanos, tanto en su condición de productores, como de consumidores, es un espacio vacío, groseramente vacío, al punto que reclamar su necesidad coloca a quien lo hace en situación de utópico.

Los partidos populares tienen la inexcusable necesidad de entender esto. De lo contrario, son artífices de la derrota frente al capitalismo más desenfrenado y avaricioso del que se tenga memoria.
La pelea institucional hay que darla como condición necesaria. Pero la organización popular que redescubra los derechos económicos – algunos perdidos, otros que nunca tuvimos – es lo que se necesita para que el intento electoral tenga algún sentido.

De lo contrario, estamos en una calesita que nunca se para. Por el contrario, toma velocidad, centrifugando ilusiones hasta de las generaciones por nacer.


Fuente: 




miércoles, 30 de agosto de 2017

El objetivo corporativo de maximizar ganancias está en generar el “ejército industrial de reserva”. Los CEOs que hoy operan a ambos lados del mostrador coordinan acciones para que la escuela se pliegue a los dictados de la empresa mientras la política económica destruye empleos





Amos de la economía y la educación


En la última entrevista concedida en Olivos, previa a las PASO, el presidente Macri insistió en que su “obsesión” es lograr una “educación de calidad y empleo genuino para los ciudadanos”. Para Mario de Casas es importante entonces, desentrañar qué entiende el Presidente por “educación de calidad” y “empleo genuino”.

Por Mario de Casas,  Ingeniero civil. Diplomado en Economía Política, con Mención en Economía Regional, FLACSO Argentina – UNCuyo. FpV para La Tecl@ Eñe


En la última entrevista concedida en Olivos, previa a las PASO, el presidente Macri insistió en que su “obsesión” es lograr una “educación de calidad y empleo genuino para los ciudadanos”. Y agregó: “No puedo dejar de reconocer que mi padre me dio una gran educación”. Es importante entonces desentrañar qué entiende el Presidente por “educación de calidad” y “empleo genuino”.

En declaraciones referidas al “Estudio Económico Multidimensional de la Argentina”, que presentó recientemente en Buenos Aires la directora de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) Gabriela Ramos, el ministro de hacienda Nicolás Dujovne aseguró que “refleja acabadamente nuestra visión y nuestros objetivos y estamos muy satisfechos” con el estudio. El informe destaca las reformas realizadas por el gobierno macrista; pero pide más: más apertura de la economía, más ajuste en el sector público, etc.; eso sí, siempre afectando los intereses de los sectores más vulnerables.

La OCDE, como el FMI y el Banco Mundial son instrumentos a través de los cuales impone sus preceptos el capitalismo en la fase actual. Así, lo primero que se percibe con claridad es el alto grado de dependencia al que la derecha está sometiendo al país. Menos evidente es la estrecha conexión que establece aquel conjunto de exigencias entre dos áreas claves como la economía y la educación, y sus consecuencias.

Aunque es parte de lo que intentaré demostrar, me adelanto a postular que hay un correlato para nada casual entre las declaraciones de Dujovne, las del Presidente -no sólo las ya citadas, también aquellas con las que atacó a la escuela pública haciendo una patética apelación a la tragedia de Hiroshima (Página12: 06/4/17)- y la obstinación de miembros prominentes de la alianza Cambiemos por explicitar y sostener -desde la perspectiva de los sectores dominantes- distintos aspectos de la relación poder económico-educación pública.

Un rápido repaso de pronunciamientos sobre la cuestión no puede obviar a la diputada Carrió: “Hay trabajo pero no gente capacitada”; al ex ministro de educación y candidato E. Bullrich: “Hay que entender que no saber lo que viene es un valor, debemos crear argentinos capaces de vivir en la incertidumbre y disfrutarla”; al secretario de empleo M. A. Ponte: “La única forma de integrar la educación con el mundo del trabajo es con prácticas formativas, la posibilidad de entrar y salir del mercado laboral hace a su esencia; es como comer y descomer”. El panorama se completa con el forzado renunciante a la Dirección de Enseñanza Técnica de la Provincia de Buenos Aires Gerardo Marchesini, quien denunció el “desguace de líneas de trabajo históricas e intentos de desmembramiento” de las escuelas técnicas.

No sorprende que un gobierno cuyas políticas apuntan a una acelerada desindustrialización del país -mandato no escrito de aquellos organismos “multilaterales”- destruya el sistema de educación técnica, es una secuencia lógica que no requiere mayores explicaciones.

En cambio, las declaraciones de Macri, Dujovne, Bullrich, Carrió y Ponte - en línea con la pretendida precarización de las condiciones laborales y estigmatización de las conducciones gremiales - no dejan captar directamente los poderosos intereses que las impulsan; dificultad que se acrecienta si se tiene en cuenta que más de un observador inadvertido puede suponer que la incumbencia de la OCDE se limita a cuestiones vinculadas al intercambio comercial u otras, pero “circunscriptas” a la economía. Entonces, es necesario analizar las expresiones citadas a la luz de algunos antecedentes de esa institución.

En 1998, en la sede de la OCDE -París-, los responsables del Centro para la Investigación y la Innovación en la Enseñanza presentaron ante la prensa su informe “Análisis de las políticas de educación”. El tema central fue el "aprendizaje a lo largo de toda la vida". Los gendarmes supranacionales del capitalismo indicaron en primer lugar que "las escuelas no podrán responder a esas nuevas expectativas a menos que sean capaces de ocupar una posición central en la sociedad y que se transformen en instituciones 'abiertas', al servicio de intereses muy diversos y de una amplia clientela". Este informe de la OCDE concluye con una asombrosa claridad: “La globalización -económica, política y cultural- vuelve obsoleta la institución implantada localmente y anclada en una cultura determinada a la que llamamos ‘la escuela’ y a su vez, al ‘enseñante’”.

Este planteo - manifestado contundentemente por Bullrich, Carrió y Ponte - busca que la escuela se someta a la división del trabajo determinada por el mercado laboral, como se intentó en los ’90 con la llamada Ley Federal de Educación. Desde el punto de vista de la democratización de la enseñanza, las consecuencias de esta “desregulación” son desastrosas. La autonomía y la competencia liberan la tendencia al desarrollo desigual y, por lo tanto, al refuerzo de la jerarquización de las escuelas. El abandono de objetivos cognoscitivos en beneficio de las competencias únicamente ligadas a la empleabilidad (la adecuación escuela-empresa) significa más selectividad regresiva y abre un abismo entre las distintas ramas de la enseñanza; pero lo más grave es que priva, sobre todo a los chicos y chicas de los sectores populares, del acceso a saberes generales que proporcionan los elementos necesarios para entender el mundo y, por lo tanto, para transformarlo. Una de las razones por las que es defendido con ahínco por los sectores dominantes, aunque lo intenten camuflar con el argumento de que “la principal estrategia preventiva” contra el desempleo, como afirma la OCDE, "consiste en procurar que los jóvenes hayan adquirido, al finalizar su escolaridad, las competencias, los conocimientos y los comportamientos que hacen que un trabajador sea productivo y empleable”.

Afirmación insostenible según las investigaciones llevadas a cabo en el marco de la teoría del “capital humano”, tan apreciada por los pensadores neoliberales, que ponen de manifiesto una correlación directa entre la educación y el posicionamiento individual en el mercado de trabajo; pero, al contrario, y a pesar de numerosas tentativas, nunca han permitido observar una correspondencia entre el nivel general de formación y el volumen global del empleo. Es decir, quienes tienen mejores títulos tienen mayores posibilidades en la carrera por el empleo. Pero cuando cien personas compiten por setenta empleos, se pueden formar, educar e instruir todo lo que quieran, que siempre quedarán treinta en la calle. En otras palabras, la empleabilidad no crea empleos, los crea la economía.

Conclusión, los CEOs que hoy operan a ambos lados del mostrador coordinan acciones para que la escuela se pliegue a los dictados de la empresa mientras la política económica destruye empleos. Así, el objetivo corporativo de maximizar ganancias estará asegurado al impedir el incremento de salarios que ocasionaría la escasez relativa de trabajadores “competentes” que, además de abundar, serán dóciles. Se trata -ni más ni menos- de generar el “ejército industrial de reserva”, lo que el lenguaje duranbarbista llama “educación de calidad” y “empleo genuino”.

Fuente: 
http://www.lateclaene.com/mario-de-casas-amos-economa-educacin








viernes, 25 de agosto de 2017

La cultura de Coronel Dorrego está repleta de invisibles que dan buena sombra, y a la vez plagado de visibles que se ufanan de tener las piernas orinadas.






Sospecho que los funcionarios de Cultura (ruego se me permita la doble ironía) que ostentaban cargos en Marzo de 1977 prestaron muy poca atención desde lo artístico al considerado, por los notables de la literatura continental, el ensayo contemporáneo más significativo y que con el tiempo resultara un hito insoslayable dentro del género.

Nos estamos refiriendo a La Carta Abierta a la Junta Militar al Cumplirse un Año del Golpe de Estado cuyo autor fue el periodista y novelista Rionegrino, oriundo de Choele – Choele, Rodolfo Walsh. Sabido es que dicha obra fue la que determinó sentencia definitiva, luego de su clandestina difusión, a la vida del eximió autor de Operación Masacre y de Quién Mató a Rosendo. Al mismo tiempo mientras miles de obras de artistas de probado talento eran enviadas a mazmorras plagadas de olvido y humedad cientos de mediocres poetas, ensayistas y escritores eran puestos en vidrieras y escaparates repletos de publicitada pompa y suntuoso orlado.

Por fuera de la situación opresiva y opresora, de censura y autocensura, que se vivía políticamente en Argentina (tal vez resulte exagerado ejemplificar tomando un período histórico tan irregular) poco han cambiado, dentro del ámbito artístico/cultural, aquellas relaciones y conductas despóticas de entonces. En la actualidad cierto formato de clandestinidad se ve reflejado en la web en donde miles de artistas e intelectuales, desplazados de los circuitos económicos y políticos, exponen lo que hacen realimentando un perímetro cultural paralelo, despegado de todas las asechanzas y manipulaciones  burocráticas existentes.

Es probable que la democracia no permita determinados comportamientos absolutistas tan extremos, pero no es menos cierto que la visibilización o invisibilización de artistas, (no sólo en las letras sucede, recordemos el cine de entonces, el que vimos, pero sobre todo el que no pudimos ver), sigue dependiendo de factores que poco tienen que ver con el talento para quedar encuadradas en el marco de determinadas relaciones políticas y económicas que faciliten la difusión de sus obras.  

No creamos que la existencia de artistas del establishment y artistas “desterrados” sea una cuestión privativa de nuestro Pago. Si bien, en el marco de un sistema liberal, es imposible que en las grandes urbes tal cosa se implemente taxativamente, debido a que siempre se hallarán salvoconductos y atajos para desarrollar y exhibir la actividad artística, en casos como el nuestro, cuanto más pequeña y cerrada es una sociedad menos chances existen para exponer contenidos quedando la cosa ceñida a un grupo de amigos, conocidos, familiares o como antes mencioné la red de redes.

Hemos sido y somos testigos de paupérrimas y limitadísimas demostraciones artísticas autóctonas y foráneas, muy bien publicitadas por cierto en desmedro de decenas de artistas que nunca estarán incluidos en la consideración oficial. No nos debemos llamar a engaño, si lo hacemos estaríamos pecando de deshonestidad intelectual. Todos los gobiernos, en sus variadas competencias y a los largo de la historia, han presentado sus listas locales de favorecidos y pordioseros, de recordados y olvidados. Sus prioridades contractuales siempre estarán sujetas a simpatías extracurriculares amén que puntuales nombres, por peso propio, puedan asegurar prestigio en la gestión o una buena renta económica.

Hace pocos años el fabuloso grupo vocal Cabernet, realizó una mini gira por la zona; Bahía Blanca, Puán, Pigué y Coronel Suárez fueron sus destinos conocidos. Algunos, ilusionados, quedamos en la dulce espera chupando un clavo oxidado. Intuyo que nuestra Dirección de Cultura ni sospecha de su existencia y es aquí en donde radica el verdadero problema que planteo: “Los artistas que no tienen espacio en nuestro colectivo cultural producto que dichos escaques están ocupados por elementos afines, con disimulado talento y una refrescante adhesión o, en el último de los casos, una sana “asepsia” militante”. Vale la pena recordar que los amigos no son peligrosos por lo que te puedan llegar a hacer, sino por todo aquello que te impiden realizar.

El Físico italiano Strato afirmó que sin pensamiento nos es imposible percibir la belleza que atesora la complejidad. Estando de acuerdo con la cita se puede afirmar que cuanto más fronterizo es el menú artístico a percibir menos necesidad de elaboración inteligente requiere. Si yo, como funcionario de cultura, priorizo en mi grilla anual artistas de notoria mediocridad el nivel de exigencia popular no se verá comprometido, en consecuencia la comodidad en la gestión encontrará su clímax y beneficio. Así, Los mediocres hallarán en nuestro distrito aguas cálidas en donde remojar sus escasos talentos mientras que el “Es lo que Hay” sigue formando parte del acerbo cultural dorreguense.


En Coronel Dorrego, luego de casi 20 años de tenacidad política de la UCR, praxis y dialéctica a la baja, triunfó el eficiente y domesticador concepto antropológico de que la cultura es todo lo que el hombre hace, hasta lo que no hace o hace mal. En consecuencia si afinar o no afinar, estudiar o no estudiar, tener talento o no tenerlo, ser creativo o copiar dan igual, para qué intentar proponer complejidad si no hemos propiciado un público con los sentidos aguzados que recepte y elabore dicha complejidad artística; aquí los medios de comunicación cumplen un rol cardinal a favor de dicho amesetamiento.



Cuestiones de pertenencia política y cuestiones de resignación artística hacen a la problemática cultural. Ambas conspiran contra la posibilidad de educar y formar al soberano, de elevar el tenor conceptual, de familiarizarse con la hermosa desmesura de la complejidad, por encima de conformarse con la vulgaridad rutinaria que nos ofrece la seguridad de lo probadamente digerible.

Como amantes de las bellas artes en todas sus facetas y disciplinas, algunos dorreguenses nos sentimos parias, como diabéticos en dulcería, mal aceptando que nuestro distrito mantiene como contrato social un formato liso y llano, más cercano a lo mercantil y mediático, muy alejado de lo que puede llegar a conmover al espíritu y a la inteligencia.



miércoles, 23 de agosto de 2017

Alguna vez escribió Gustave Flaubert que “Ser imbécil, ser egoísta y gozar de buena salud, constituyen el espíritu pequeño de la clase media.




Economía, odio de clase e ignorancia 
De Discépolo a Flaubert



“Ser imbécil, ser egoísta y gozar de buena salud” es la moralina sobre la cual cabalga el sentido común del macrismo y los sectores beneficiados de este país. El fuerte apoyo que tuvo Cristina Fernández de Kirchner en los barrios obreros del gran conurbano bonaerense es la base de apoyo para poner freno al macrismo. Parafraseando a Discépolo, “Yo no la traje a CFK. ¡Vos los creaste! Con tu intolerancia, con tu egoísmo y con tu crueldad”

Por Horacio Rovelli para La Tecl@ Eñe)


La Argentina de las décadas de 1940 a 1960 tuvo un filósofo de cabecera, Enrique Santos Discépolo, a quién retrata otro grande, Homero Manzi, en su tango “Viejo Discepolín”: “Te duele como propia la cicatriz ajena” y ese era el concepto solidario y fraternal, nos sentíamos parte de un pueblo y crecíamos en base al mercado interno, dado que de hecho existía entre los trabajadores y los empresarios que producían y vendían al mercado local, una sociedad, donde los segundos más ganaban cuando más vendían, y para eso necesitaban buenos salarios y altos niveles de ocupación. Empresas trasnacionales como Bunge y Born ganaban más dinero con Molinos Río de la Plata, Alba, Centenera, Grafa, etc. que producían y vendían al mercado argentino, que de sus exportaciones de granos. La empresa nacional Siam Di Tella que producía heladeras, cocinas, calefones, había logrado producir motonetas y el automóvil 1.500, que por su resistencia y bajo consumo era el preferido de los taxistas. Fiat, Renault, y Citroën que se habían radicado en el gobierno de Frondizi, los autos que más producían y vendían eran el Fiat 600, el Renault Gordini y la “Citroneta” respectivamente, básicamente para los asalariados y pequeños productores y comerciantes.

El 24 de marzo de 1976 cambia integralmente la lógica que articulaba la producción y la sociedad, para reemplazarla por una estructura productiva y distributiva con un bloque de poder hegemónico y una dinámica de funcionamiento diferente en la reproducción del circuito económico. El nuevo modelo, orientado y dependiente del exterior, tuvo como instrumento clave el endeudamiento y la valorización financiera del capital, la apertura externa irrestricta al comercio y los capitales, y la acumulación rentística y financiera, traducida en retraso de salarios, liberación de precios, revaluación cambiaria, fomento a la desleal competencia externa, así como altas y confiscatorias tasas de interés. El previsible resultado fue una caída sin precedentes del nivel de vida de la población que arrastró la caída del mercado interno y, con ello, del PIB.

La catástrofe de la dictadura militar, dejó como legado la destrucción de eslabones de la cadena productiva, una fuerte concentración y extranjerización económica, y una impagable deuda externa en lo económico, pero en lo social y político fue un fuerte retroceso en el nivel de consciencia de la población, donde prima el individualismo más abyecto y el “sálvese quién pueda”, donde los formadores de opinión son Mirta Legrand, Susana Giménez o Jorge Lanata propagado por los grandes medios encabezados por el Grupo Clarín, beneficiado por la dictadura militar con “Papel Prensa” y por Macri por el millonario mercado de la telefonía celular y los contenidos 4G.

Es tal la influencia de los medios que trabajadores se olvidan de que no tienen capital, que tienen que vivir de su trabajo ellos y su familia, y sin embargo han llegado a votar (y votan) a hijos de los empresarios enriquecidos por la dictadura en la creencia que iban (van)  hacer crecer el país y generar puestos de trabajo, cuando lo único que les interesa es el negocio rápido y la fuga de capitales.

Nunca unieron, ni unen (y los medios se ocupan de ocultarlo) que esos hijos de ricos tienen frondosas cuentas en el exterior, encabezados por el Presidente Mauricio Macri y las sociedades que tiene en Panamá. Que el caso Odebrecht lo tiene como principal socio al primo, Ángelo Calcaterra, a quién le habrían vendido los Macri la mayoría accionaria de la constructora IECSA y asociadas, pero después de las investigaciones del “lava jato”, IECSA es comprada y le cambian el nombre, por Marcelo Mindlin y sus socios y principales accionistas de Pampa Energía, uno de los grandes beneficiarios de la suba de las tarifas eléctricas al ser el mayor generador, transmisor y distribuidor de electricidad del país.

El gobierno de Mauricio Macri se endeuda irresponsablemente para financiar el déficit fiscal y comercial. El gobierno anterior tenía déficit en las cuentas públicas pero por subsidiar la energía y el transporte, estos ineptos eliminaron las retenciones y redujeron las de la soja (y pretenden seguir reduciendo el derecho de exportación), también disminuyeron otros gravámenes a los ricos (a ellos) y a su vez tienen que pagar más intereses por qué agrandaron exponencialmente la deuda. Con todos sus errores que los tuvo, el gobierno anterior había disminuido esencialmente el endeudamiento externo a U$s 222.703  Millones, el gobierno de Macri  en un año la incrementó en U$s 65.744,8 millones, y en los primeros  siete meses de 2017 lo acrecentó en otros U$S 38.654 millones, conformando un total de deuda de U$S 327.101,8 millones (aumentó la deuda externa en 19 meses en U$s 104.398,8 millones).

Paralelamente se crean mecanismos para permitir la conversión de divisas en pesos y luego su retorno a la moneda de origen que parte y retroalimenta a su vez el atraso cambiario, con lo que es la cuenta de capital de la Balanza de Pagos la que determina el tipo de cambio, lo que a su vez es causa de un creciente déficit comercial (amén de que le dejan importar todo, naranja de Polonia, frutilla de Israel, peras y manzanas de Chile y todo tipo de bienes industriales). Semejante descalabro impacta negativamente sobre el trabajo y la producción local, destruye las economías regionales, a la vez que descienden todos los componentes de la demanda agregada (Consumo, Inversión, Gasto Público y Exportaciones) y se distribuye cada vez en forma más regresiva el ingreso, con mayores niveles de pobreza y de exclusión

Propician el ingreso de capitales especulativos atraídos por tasas de interés que tiende a ser mayor que el crecimiento de los precios y la evolución cambiaria, a su vez que se encarece el crédito a las empresas y a las personas, siendo confiscatorio de su capital (En agosto de 2017 la tasa de descubierto en cuenta supera el 70% anual), generando una brutal transferencia de la producción y del consumo a favor del sector financiero.

Esto es, nos endeudaron en 19 meses de gestión de Macri en U$S 104.398,8 millones, deuda que pagará el pueblo argentino, y no se refleja ni en la inversión, ni en la obra pública, ni en nada, porque el mismo BCRA vende esas reservas internacionales a los bancos que se la quieran comprar, y son 10 bancos (JP Morgan, Santander-Río, HSBC, Frances-BBV, Galicia, Macro, Patagonia, Supervielle,  Provincia de Bs As y Banco Nación Argentina) los que realizan más del 70% de las operaciones del MULC (Mercado Único Libre de Cambio)  que le entregan los dólares a sus clientes para que lo giren al exterior, o hagan turismo.

Y si no se nota más la crisis es porque fruto de ese brutal endeudamiento para nada (o para que lo fuguen o lo malgasten los ricos) se genera cierto derrame a los sectores medios quienes también se benefician de pasar a Chile o a Paraguay y comprar electrodomésticos a la mitad del precio que en la Argentina, por ejemplo.


GUSTAVE  FLAUBERT


Gustave Flaubert (1821-1880) fue un destacado dramaturgo francés que en sus cuentos y novelas reflejaba ese espíritu pequeño y competitivo de la mass media, donde dice que para ellos ser feliz depende de tres condiciones: "Ser imbécil, ser egoísta y gozar de buena salud”. Es sobre esa moralina que cabalga el macrismo y los sectores beneficiados de este país.

Grandes grupos económicos tienen capacidad de fijar los precios con lo que por un lado disminuye el poder adquisitivo de los salarios y por el otro, detraen recursos de las pequeñas y medianas empresas que son tomadores de precio, tanto sean como proveedores o clientes (inclusive cuando demandan créditos) con lo que  el “sálvese quien pueda” se torna obsceno y más cobarde que nunca.

Pero semejante detracción de recursos implica un menor consumo y ello arrastra indefectiblemente a que se caiga el PIB, que implica menor nivel de actividad interna y con ello el acrecentamiento de la desocupación. 

Esta historia la hemos vivido y terminó con la crisis del año 2001, en que en las jornadas del 19 y el 20 de diciembre de ese año fueron asesinados por las fuerzas de seguridad 38 –treinta y ocho- personas, el Presidente De la Rúa huyó en un helicóptero de la casa rosada y la población se convocó en las calles al grito de que se vayan todos.

La implosión del modelo de valorización financiera se explica por la constante y creciente fuga de capitales que en el año 2001 fue de 29.913 millones de dólares,  que se realizaron a través de múltiples firmas controladas, a lo que se sumó que esos mismos empresarios que tenían deuda en dólares en el mercado local se le “pesificó” la misma, fijándolo a un tipo de cambio de un peso un dólar,  pero la devaluación real fue incontrolable, en el mercado paralelo y en Montevideo en abril del año 2002 se cambiaba el dólar a 4 –cuatro- pesos, lo que impactó en el poder adquisitivo del salario.

Si observamos y aprendemos de nuestra historia vemos que el problema se reproduce pero en forma mucho más veloz,  el endeudamiento es mayor y mucho más rápido y también pasa con la sustitución de la producción local por importaciones, en el marco de un comercio internacional que trata de desprenderse de sus excedentes de inventario a como dé lugar. Por supuesto al principio es fácil porque ingresa deuda y se pagan productos extranjeros, pero en corto y mediano plazo quedará en claro que se incrementa la desocupación, la exclusión social y la miseria.

El pueblo le exigirá que aparezca con vida Santiago Maldonado y todos los que se opongan al régimen de explotación, se irán conociendo los Pablo Noceti, quien como Jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad de Patricia Bullrich encabezó la represión el 31 de julio de 2017 en Cushamen, provincia de Chubut, y que antes de ser empleado público perteneció al estudio de abogados que defendió al General Leopoldo Galtieri y otros represores.

A medida que se incrementen los reclamos, que la gente tome la calle y el nivel de protesta sea mayor, será mayor la represión, pero irá disminuyendo el apoyo del FMI y de los empresarios (y no porque no estén de acuerdo con reprimir, sino que se dan cuenta que la mass media es un sector importante de la sociedad Argentina, pero no abarca a toda) y, tarde o temprano  lo dejarán a Macri y su equipo de hijos de ricos, tan solo como a De la Rúa o a Videla.

El fuerte apoyo que tuvo Cristina Fernández de Kirchner en los barrios obreros del gran conurbano bonaerense es la base de apoyo para poner freno al macrismo y su modelo de extracción de recursos y fuga, por eso, podemos decir como alguna vez afirmara en su programa de radio Enrique Santos Discépolo:

“Yo no lo traje a Perón, los trajo tu tremendo desprecio por las clases pobres a las que masacraste, porque pedían un mínimo respeto a su dignidad de hombres y un salario que los permitiera salvar a los suyos del hambre. Sí, del hambre y de la terrible promiscuidad de sus viviendas en las que tenían que hacinar lo mismo sus ansias que su asco. No. Yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón. ¡Vos los creaste! Con tu intolerancia, con tu egoísmo y con tu crueldad”.

Fuente:



lunes, 21 de agosto de 2017

La desaparición de Santiago Maldonado y algo que parecía sepultado de las neo-oligarquías: Sus alianzas estrechas con dispositivos estatales armados, clandestinos o no. Por Horacio González para La Tecl@ Eñe







El macrismo tiene pesadillas históricas que se evidencian en los deslices de su lenguaje que lo obligan a un estado de desmentida permanente. La Campaña al desierto y la dictadura militar del 76 están en una capa interna de ese lenguaje. La desaparición forzada de Santiago Maldonado es la cuerda más íntima que los poderes más oscuros han tocado fatalmente.

Por Horacio González para La Tecl@ Eñe
I

El macrismo no tiene historia, pero tiene pesadillas históricas. Lo sobrevuelan permanentemente. Se las puede encontrar en las frases truncas, los deslices del lenguaje, en el deseo apenas reprimido de decir lo que no hubiera querido decir. Pero eso está obligado a pasar varias horas del día en estado de desmentida. Debe a cada tramo del día, despertar de pesadillas y ensayar desmentidas entre espasmos de su conciencia adulterada. La Campaña del Desierto está  en una capa interna de su lenguaje; pugna por salir atropelladamente como metáfora espuria. Lo mismo los bombardeos del 55 o las cacerías nocturnas del 76, incluidas las desapariciones forzadas. Esos acosos de formas nebulosas o nocturnales son el esqueleto permanente de sus espejismos. La república autónoma mapuche es otro arrebato onírico del Ministerio de Seguridad, el más cercano, desde el fin de la dictadura militar, a parecérsele en algunos rasgos evidentes del procedimiento de acusar a los fantasmas que hace décadas sobrevuelan las metafísicas del Orden. Nunca se abandonan la justificación de atrocidades con el lenguaje del encubrimiento, la distracción o la postulación de un heroísmo militar, con sus “excesos” de antemano perdonados, que “nos salve de los violentos”.

El sistema de poner protocolos a la represión, pero no precisar límites y permitir que sea difusa la actuación de los gendarmes –porque difuso es su lenguaje, que pretende tener reglas pero él vive de la excepción-, deja el ámbito propicio para que algún uniformado se sienta con la licencia para secuestrar o matar. Y con la conciencia de que esto es y fue así, les queda luego tejer la amplia franja de ocultaciones y disparates, para los que siempre está preparado el lenguaje oficial. La invención de un grupo subversivo indigenista sirve a ese propósito. No es nada imposible imaginar que sucedió en aquellas soledades, pues si hay pocos signos de lo verdaderamente ocurrido, sobran los vacíos y falencias de las justificaciones, para imaginar el modo sombrío en que sucedió todo. La Patagonia siempre fue un tema territorial, político y humano fundamental desde los tiempos de los españoles. Su misterio fue y es el del ocultamiento de la sangre que allí fabrica el Estado.

No por haber tenido la Corona Española cierto grado de indiferencia, administrativa y política hacia ese gran especio humano, dejaron de haber cruce incesantes, violentos, tensos y de negociación clásica (canje de recursos por paz entre los nuevos ocupantes y los antiguos pobladores) durante los gobiernos coloniales, los de las primeras décadas de la Independencia, incluso los de Rosas, Mitre, Alsina. Especialmente en la Patagonia, con su multitud de etnias y poblaciones. Allí abundaron los pactos de no agresión, siempre efímeros, y las grandes expediciones de los pueblos radicados en el lugar, que llegaban con sus incursiones no sólo hasta Bahía Blanca o Tandil, sino a las cercanías de Buenos Aires. El término malón, envuelto en pavor y ansias de represión, es un acto de hostilidad, como todos los que cruzan la historia de la humanidad, en los tiempos que sean.

II

Si los españoles combinaron conductas de exterminio con hipótesis de negociación, no pasó nada diferente incluso con la campaña de Rosas, que aun en 1833 era portadora de la idea de  indios definidos como amigos o enemigos. Los gobiernos distinguían. Del lado mapuche, también los distintos agrupamientos reproducían las mismas conductas “políticas”, los combates económicos para obtener recursos o la aceptación de la distribución de bienes  y provisiones por parte de los sucesivos y frágiles gobiernos nacionales. No hubo momento antes o después de la batalla de Caseros, donde no hubiera involucramiento de pueblos indígenas con algunos de los bandos en pugna. El dominio de Calfucurá, ya sea que se le atribuya un amplio control territorial, unánime y homogéneo, ya sea  que se lo vea como un jefe atrevido y capaz pero sin lograr nunca un conjunto de alianzas estables de los pueblos mapuches, podría observarse como una réplica de una dispersa monarquía parlamentaria, con una clara noción que enfrente suyo había una maquinaria poderosa, que  iba organizado su economía anexando territorios sobre la base de una superioridad militar, estratégica y mercantil. El famoso cuadro La vuelta del malón, de singular dramatismo (Della Valle, 1892) retrata con admirable magia realista el modo económico llamado malón, su forma mercancía. Junto a la épica herética y la destrucción de un hogar, eran portadores de su inversa; formar otras familias, la de la Cautiva, y arrebatar objetos del burgués que se internaba en las pampas. El saqueo era el complemento inverso de la acumulación capitalista, desenvuelta en una cultura por cierto bien diversa.

Pero esta fundamental diferencia no es el tema, sino el modo en que el avance territorial del Estado Argentino contaba varios tentáculos, estrategias y cánones de expansión, que no parecía imposible que culminaran en la Campaña de Roca, -según Viñas, cerrando el círculo del primer desembarco de Colón-, campaña que ya había madurado durante todo el siglo, y tenía apenas como alternativa las murallas de Alsina. Parecían ridículas, pero tampoco la campaña roquista gozaba de las enteras simpatías de sus contemporáneos. Mitre deja oír sus dudas y otros políticos, incluso militares, proponen una política de colonias agrarias que Roca rechaza en nombre de un reparto territorial que está en la base de la gran propiedad terrateniente que marcó el futuro del país. Es el caso de Olascoaga, militar roquista, topógrafo de la Campaña, pero con muchos matices en sus opiniones literarias sobre “mapuches” y “araucanos”. Novelista y cronista, firma una de sus obras con el apelativo “Mapuche”.

La Patagonia, cuyo nombre proviene de la imaginación renacentista europea, albergó la gran leyenda de la Ciudad de los Césares, fundada por españoles que habrían naufragado en el estrecho de Magallanes. Pedro de Angelis se toma el trabajo de decir que nunca existió tal ciudad. En el fantasioso relato se trataba de españoles que se habrían salvado de un malón mapuche en la zona chilena de Osorno. Pero este simpático mito alimenta muchas conductas de la “cultura patagónica”. Así, no es “tan” fantasioso el proyecto del francés Antoine Orélie de Tunens, que hacia 1860 crea el Reino de Araucania, una monarquía constitucional al parecer con el acuerdo de varios lonkos mapuches, que no tuvo respaldo del gobierno francés. Es lógico, era una aventura sin duda comercial pero de un burlesco profetismo, y a pesar de denominar Nueva Francia a su empresa, luego que interviniera el gobierno chileno, su destino fue el de pasear por las tabernas de París para contar las peripecias de su Reinado y entregar eventuales títulos nobiliarios. Aunque el de Orélie Antoine de Tunens era una forma entre cómica y estrafalaria del colonialismo, se vistió  de Mapuche e imprimió moneda. Sin ser un proyecto milenarista, el de Orélie Antoine recordaba algún tramo de la colonia utópica religiosa y militar fundada un poco después por Antonio Conselheiro, en el Nordeste brasileño, este sí un acto milenarista de vastas consecuencias, con el apoyo de una población campesina y mulata que al decir de Euclides da Cunha, era “la roca viva de nuestra raza”.

III

Lucio V. Mansilla, en “Una excusión a los indios ranqueles”, recuerda la “expedición” de Orélie Antoine y traza jocosamente un sueño en el que él repite la creación de una comunidad ranquel haciéndose nombrar Lucius Victorius. Su delirio le permite reírse de sí mismo, pero sus dieciocho días de cabalgata hacia Leuvucó son fundamentales para entender la trama de negociaciones del Ejército con las tribus, su incipiente antropología y su densidad histórica. En algún momento, ante una lenguaraz india de gran belleza, Mansilla cree entresoñar que cambiaría toda la historia argentina si ella fuese la Malinche que dominó el idioma de Hernán Cortés.
El jesuita inglés Tomas Falkner testimonió en el siglo XVIII los intensos modos de intercambio que se sucedían entre los asentamientos indígenas a ambos lados de la cordillera, e incluso observa que proveían de leña a las Islas Malvinas, en ese tiempo en manos sucesivas de franceses y españoles. Un siglo después, un enjambre de tratados de paz y comercio son firmados entre distintas congregaciones étnicas y diversos militares en nombre del ejército y del estado nacional, siendo un ejemplo el de Mansilla con Marianito Rosas, donde se razona de que así terminarían los malones y se avanzarían en el comercio racional en esos territorios. Los malones dice Mansilla, se originan en las actividades comerciales que provienen del sur de Chile. No obstante, en el parlamento nacional se objetan ese tipo de tratados con el argumento de que la Nación no puede firmar convenios con “otra parte” de la nación. He allí el problema.

IV

El fantasma chileno sobrevuela toda la cuestión indígena vista desde Buenos Aires, e incluso cuenta con el famoso episodio de los artículos “geopolíticos” de Sarmiento, que en tiempos de Rosas escribe un largo documento exponiendo la posibilidad de que Chile pueda esgrimir derechos sobre la Patagonia. Momento muy delicado de la acción del autor del Facundo. Escribe los artículos sobre la “Patagonia chilena” en el mismo diario donde publicará su obra cumbre sobre  Quiroga “como ejemplar típico de la revolución de Mayo”. Luego será Presidente del país que incluía en su unidad territorial a la Patagonia. “Chile” fue siempre el espectro viandante de la Patagonia para las hipótesis de guerra del Estado argentino. Roca lo menciona en los fundamentos para iniciar la Campaña en el documento que firma con el presidente Avellaneda, presentado ante el Congreso. Había que concluir la unidad territorial geopolítica argentina. En lo que Bayer denominó la Patagonia Rebelde también para el ejército argentino los huelguistas eran “chilenos”. En Tierra del Fuego, las masacres de los selk´nams por parte del buscador de oro húngaro Julius Popper fueron el nexo entre la Campaña del Desierto y los fusilamientos en las huelgas de la Patagonia en 1921. Popper también hizo una crónica de sus andanzas, muy lejos del fino cronista que fue el coronel Manilla. Sus propósitos estaban a sideral distancia de la negociación, sí de la cacería; ni siquiera incorporó el manto protector salesiano que acompañó a Roca. A su manera  Popper quiso fundar un “territorio autónomo fueguino”, suponiendo la aceptación de las autoridades de Buenos Aires. Tenía muy buena relación con el sucesor de Roca, Juárez Celman. No era un utopista majestático como el francés Antoine Orélie de Tunens.

V

Desde la Patagonia indígena, y los exploradores de todo tipo, con sus proyectos militares, puede verse el núcleo de fuerzas que hoy se condensan en la actual tragedia argentina. Hasta llegar a Santiago Maldonado. Hoy Benetton sucede a la aventura de Popper y con su conocida publicidad multirracial y rebordes siniestros enmascarados en un humanitarismo pop (de los años 90), supera con su millón de hectáreas patagónicas el germen del latifundismo roquista y el posterior de los Braun Menéndez, prolíficas alianzas familiares que llegaron a tener más hectáreas que hoy Benetton, que a excepción de un conocido cardiólogo discípulo de Houssay, es un apellido que se fusiona en la idea gubernativa macrista, a través de un no tan lejano parentesco con el actual jefe de gabinete. La industria lanar sustituyó al guanaco y ese fue el comienzo, iniciado el siglo XX, de la extinción lenta de los selk´nam, lo que incluía las jactanciosas cacerías de Popper.

Una última descendiente de ese núcleo también llamado onas, deja testimonios del idioma extinguido. Muerta hace unas décadas a edad centenaria, su voz es tomada por una discípula de Levi Strauss, Anne Chapman, no hace muchos años fallecida en París. La novelera interpretación de Patricia Bulllrich de que el movimiento ancestral Mapuche es una guerrilla separatista desconoce esta historia, aunque en los voladizos de su anegada memoria deben figurar episodios oscuros, apenas recordables, que su gusto por conspiraciones y acciones como las que hoy denuncia, le deben devolver a su actualidad, un pasado con indefinible marca de escarnio. Sus gestos militaristas reversibles, con sus anversos y reversos, la llevan a preservar un lenguaje vacío, virado como una media, lo que le permite decir que avizora indigenismos subversivos financiados desde el exterior para formar naciones étnicas, califatos miliares que amenazan a la argentinidad. Le asusta que apelen a una  ancestralidad notoriamente más antigua que la del apellido Bullrich en nuestro país, que se remonta precisamente a la Campaña de Roca. Ésta juega en el inconsciente, rápido en aflorar, del ministro de educación, cuyos ancestros provienen de la casa de remates surgida a partir de la territorialidad expandida por el ejército roquista. Las interrelaciones familiares también llegan hasta Patricia Bullrich. ¿Importan algo estas genealogías, que son una matriz aturdida por los silencios de la historia nacional?  


VI

En principio hay una ancestralidad generada en la Argentina por varias capas históricas de sus oligarquías; una veta minoritaria sobrevivió a la batalla de Caseros –los Anchorena, los Álzaga- y otra mayoritaria se consolidó luego de la Campaña del Desierto, los Leloir, los Pereyra Iraola, los Martínez de Hoz. El peronismo, más que el irigoyenismo (que contó con el apoyo de una veta minúscula y segundona de la aristocracia rural, cfr. Alain Rouquié), irrumpió en la actuación de esos linajes en la gran economía y apenas le limitó los grandes negocios rescatando una porción para el Estado (el IAPI, etc.). Pero ya atravesaba, con vicisitudes cambiantes, todo el arco histórico nacional una nueva oligarquía –ya sin la habitualidad de ese nombre-, que partía de la Sociedad Rural, gran impulsora de la campaña del desierto, pero ahora, desde varias décadas atrás, con el despliegue político de los agro-negocios que se basan en el doble pinza de la soja con el glifosato junto a los nuevos métodos de siembra. Esto ha diversificado las estratificaciones del mando económico en la Argentina, cuya consumación por el momento adquiere el nombre de macrismo, articulación que se concibe de una temporalidad larga, de cuerpos condensados y entrelazados del aparato comunicacional, judicial y financiero. Los negocios de las tolderías contratistas, los casamientos de aventureros que se recortaban sobre el resto de las oleadas inmigratorias (en este caso la italiana), por sus ambiciosas coartadas y cálculos de mimetización con los grupos “ancestrales” –dicho esto un en sentido muy vago-, podían servirse de apellidos tradicionales estancados. Llegó rápido el aprendizaje del trato con las multinacionales de cada momento, la fuga de capitales hacia paraísos fiscales –terminología que ellos mismos utilizan-, y el surgimiento de estratos aventureros de las omertás del sur de Italia que ocupaban lugares que aspiraban a disputar con los Bunge y Born, los Dreyfuss y las cerealeras como la Casa Weil, hoy desaparecida, cuyo hijo, de simpatías con el luxembruguismo, aportó fondos para fundar el Instituto de Frankfurt. Sabemos quiénes son ejemplares en este rubro.

En cuanto a las fuerzas armadas, si se tiene en cuenta su composición social, desde mediados de siglo XX, predominan en los altos mandos oficiales de raíz inmigratoria, como alguna vez dijo preocupado Mariano Grondona. La aristocracia militar se deshizo finalmente con el terror de Estado, y un hombre con títulos modestamente heráldicos –familia de la antigua inmigración de comerciantes franceses, Lanusse-, marcó “internamente” parte de ese final con su posición adversa al terrorismo de Estado, lo que no lo exime de otras graves responsabilidades. Mientras la vieja clase agropecuaria se transmuta en CEOS u otras denominaciones de la utopía empresarial globalizada – gerentes de empresas petrolíferas, de cadenas de farmacias, de redes de supermercados en la Patagonia-, la elite intelectual de la ancestralidad mapuche daba una nueva generación que se lanzaba a la vida política influida por diversas fuentes conceptuales; nuevos indigenismos, ancestralismos de izquierda, teoría de los pueblos originarios, crítica a las etnicidades subalternas, ecologismos radicales. Lógicamente los políticos representativos de las diversas corrientes indigenistas, alegan una mayor antigüedad en la memoria poblacional y territorial que la de los terratenientes “originarios”, los inmigrantes y la de los gauchos, que según Borges no sabían que se llamaban así y que según Lugones, había que rendirles homenaje recién cuando –dice- se hayan extinguido como conglomerado humano.

Hasta mediados de los años 30 el Ejército conservaría su interés “geopolítico” en las poblaciones mapuches que habían sido derrotadas. Quién sabe si por sentir algún peso “ancestral” en su pasado, o si por creerse inmiscuido en una tarea específicamente militar, Perón hace un diccionario de toponimia araucana con voces mapuches que subsisten y explican los mojones de un territorio. Su pequeño diccionario, está pensado con simpatía hacia los vencidos.

VII

¿Qué es entonces la Argentina? ¿La Nación de Roca? ¿La Nación Mapuche? El macrismo puso nuevamente sobre la pizarra un fragmento que parecía sepultado de las neo-oligarquías que crean policías especiales, guardias de corps institucionales, aparatos privados y agencias represivas particulares, alianzas estrechas con dispositivos estatales armados, clandestinos o no. Brotan estas piezas del inconsciente histórico, visceral, invisible y recurrente, que tiene nuevos personajes  -la supuesta guerra indigenista y el macrismo como una hipótesis represiva que crea horizontes implícitos regidos por amenazas genéricas que la represión empírica interpreta “a su manera” –pues esos hechos represivos “se dejan interpretar” como permisos específicos para llegar hasta las última consecuencias no escritas y cuyas huellas sangrientas el Estado mismo puede borrar. Y eso es precisamente lo que lo caracteriza como Estado. Es así que debemos concluir, con honda preocupación y tristeza, que ha ocurrido con el artesano trashumante Santiago Maldonado, que recorría la Patagonia como tantos viajeros de todos los tiempos en busca de su ciudad de los Césares.

De las narraciones de Hudson o Darwin a los contemporáneos Paul Theroux o Bruce Chatwin, la Patagonia es la fuente de grandes experiencias narrativas. No tenía porque no sentirlas Santiago Maldonado, testimonio del “homo sacer” producido por la barbarie macrista. Del macrismo se desprenden toda clase de micro-metáforas insidiosas, rebuscadas, dichas y actuadas por especialistas en embarrar esta escena y toda escena. Todas las técnicas de los servicios de informaciones están a su disposición; invertir los significados, echarle la culpa a las víctimas, presentar a los victimarios bañados por la luz del bien, ponerle una envoltura a los hechos graves para desviar o disolver el tratamiento del núcleo esencial del que importa hablar.

Se sugiere que Santiago es el culpable de su desaparición, a través de inventar un insensato Condado Mapuche Independiente entre Chile y Argentina, salido de los diagramas de sistematización de “delirios imprescindibles” de los sempiternos “Servicios”. Mientras cualquier agencia estatal hoy recluta datos vitales de toda persona, en las grandes operaciones corren el velo de lo ocurrido mediante una alucinación encuadrada en parámetros de ficticia verosimilitud, llevados hasta un abismo. Hay un proyecto de zonas liberadas en la Cordillera, recitan, pero para encubrir la gravedad de una desaparición por obra de una agencia del Estado. Esta pamplina se apoya en un estado real de discusión de los pueblos mapuches por sus derechos territoriales, no más, y todo cuanto piensen los funcionarios del gobierno que ven “subversión” por el solo hecho de escuchar la lengua mapuche –que muchos viajeros de décadas pasadas han declarado superior y de mayor plasticidad imaginativa que el inglés, el francés o el español-, implica que no ven dónde se hallan realmente los intentos de sustraer soberanía al país. Las explotaciones mineras de la Barrik, los convenios del macrismo con Gran Bretaña sobre Malvinas. ¡La Inglaterra que dicen que financia la hoz y el martillo tehuelche!

Hay una osatura de lúgubre videlismo en estas operaciones e ideogramas deliberadamente paranoicos. Van flotando en la oscura conciencia del gobierno y se las transfunde a la sociedad para advertir que no debe haber más demandas territoriales justas. Por otro lado, el debate sobre la violencia es universal y no parece contar hoy con fundamentos populares efectivos su uso contra extraordinarios y crueles poderes estatales. Pero de la manera que sea, el pretexto del gobierno referido a una supuesta organización indígena que desea apoderarse de ricas tierras (verdad invertida: son otros, son los emporios locales o internacionales lo que lo hicieron) no puede ser un hecho superior a la desaparición del joven Maldonado. Porque resurge  ese sólido concepto, desaparición, del estado policial represivo instalado ahora con “sinceramiento” y “gradualmente”. Hay muchos hilos de la historia que se conectan aquí. Algunos quieren buscar la historia del macrismo en un antecedente frondizista. No convence. El antecedente, lo ancestral de este grupo, es su ligadura instintiva con la Gran Represión del inmediato pasado, sus planes económicos más restrictivos y los modos de gobierno entre reglamentarios y despóticos, actos protocolizados para darle racionalidad instrumental a la formidable reprimenda  que están practicando en todos los sectores de la sociedad. Los que querían recrear la república terminaron en el charco totalitario de imaginar una republiqueta de césares indígenas lanzando molotovs.

La Argentina deberá ser una Nación de naciones; para ello es fundamental la aparición con vida de Santiago Maldonado, cuestión de urgencia trascendental que de no ocurrir revuelve visceralmente la historia del presente, bajo el foco disgregante y sórdido de un nombre: el de la ahora ministra de seguridad, que es la cara y ceca de un núcleo de pasiones circulares que pone un capuchón de luto sobre una historia conocida, parte de las múltiples ancestralidades de este país, lejanas o cercanas. Santiago Maldonado parece ser la cuerda vital que los poderes más oscuros han tocado fatalmente. Porque, o ser argentino es una fatalidad, y en ese caso lo seremos de cualquier modo, un modo torpe e indiferente que nos hunda en un circuito trágico, o ser argentino es una mera afectación, una máscara, que encubra hechos de sangre, o ser argentino será nuevamente construir el bastidor moral que devuelva vida a la vida y permita salir del zanjón sacrificial en que otra vez hemos caído.


Fuente: